Thursday, 27 August 2009

Señores, me gusta el tango

Señores, me gusta el tango…

Porque es una mezcla milagrosa, como solía decir Discepolín, de emociones que sentimos por el sólo hecho de estar vivos. Escrito en papiros de nostalgia y cifrado en clave de arrabal, su tempo ha variado tanto como el los latidos del corazón. Algunos tópicos tratados: la descripción de paisajes marginales, rutinas de trabajo, prácticas cotidianas, estilos de vida, la noche porteña, el juego, las trampas, la madre, los amores, el barrio y el cafetín. En síntesis, poesía lunfarda con perspectiva existencial. 

Dicen que los primeros tangos eran mucho más rápidos y que se tocaban en los lugares más variados con guitarras y flautas. Además, sus letras eran mucho más irónicas que las posteriores. La picardía en el tango se puede ver en títulos tan crudos como "La cara de la luna", "Qué polvo con tanto viento", "El fierrazo", "Colgate del aeroplano" y otros más fuertes que no citaré por censura propia. Pero que los hay, los hay…

Y no es para menos. Uno de los lugares en que más solía escucharse tango era el de los burdeles. Argentina no es sólo un crisol de razas, sino también de paisajes, climas, culturas y emociones. Los europeos de la generación del ‘80 solían lanzarse solos a la mar para, una vez llegados a tierra americana, trabajar preparando las condiciones para que el resto de sus familiares pudieran venir. En ese lapso de "soledad", los burdeles solían funcionar como lugares de encuentro de estos trabajadores, donde se compartía no sólo un sándwich, sino además recuerdos, expectativas y tangos tocados por orquestas ad-hoc mientras se esperaba por el “turno de placer”.

El tango tiene tantas fuentes de origen como sentidos. No sólo creció en los burdeles, sino también en el ejército con las tropas del General Arredondo, promediando el siglo XIX, en plena campaña por la guerra de la triple alianza. Allí y entonces, las noches de fogón solían acompañarse con cantos dedicados a las lejanas damas proveedoras de placeres non-sanctus que frecuentaban los burdeles. En la otra punta de la pirámide social, el yerno de Julio A. Roca (que ahora no me viene el nombre) era un muchacho bien-caté que solía frecuentar lugares donde se bailaba tango. Él utilizó sus influencias para que el tango llegara por primera vez al teatro de la gran ciudad, y en donde las personas de los altos sectores sociales pudieron verlo y despojarse de prejuicios xenofóbicos, dejarse seducir por la canción e incorporar ganas de querer bailarlo.  Corrían los primeros años del siglo XX.

Lo que de canyengue tiene el tango es el modo de caminar compadrito, propio de los varones de comienzos del siglo XX. Los músicos de la primera época tocaban "de oído" y por eso cuesta encontrar grabaciones o partituras de aquellas primeras piezas. Se sabe que era muy difícil que tocaran de manera igual una misma canción, precisamente por el factor improvisación. Al mismo tiempo, hay varios casos de exponentes que se dedicaban al boxeo (el más conocido es el del Tigre Arolas). Las diferencias en el mundo del hampa se arreglaban física y violentamente, y no cualquiera se permitía caminar con pecho erguido, con paso marcado y hablar con fraseo canchero. Ni qué hablar de mirar a una dama equivocada -que otro había mirado antes-, o “bailarla”, porque las discusiones terminaban en la calle a poncho y facón. Hasta en sus momentos de máximo apogeo, el propio Carlos Gardel tuvo momentos incómodos. Pero por sobre todo ello, las primeras descripciones de Borges ilustran magistralmente estas situaciones situaciones del suburbio y sus personajes (podría comenzarse por Jacinto Chiclana).

Con el correr de los años, los músicos dejaron de "orejear" (un gran acierto de mi admirado Juan Carlos Cobián) y se pusieron a estudiar música para componer y ejecutar. A muchos llegamos a conocerlos hoy en día como los grandes de la Guardia Vieja. Van por orden alfabético: A. Arolas, A. Bardi, J. C. Cobián y el cierre de la serie para Julio de Caro que, en realidad, es a quien la historia marca como punto de inflexión a lo que después pasó a llamarse la Escuela Decareana (como sucesora de la Guardia Vieja). Astor Piazzolla interpretó muchas de las producciones de este genial músico –de Julio De Caro- y una manera de comenzar a explorar este recorrido es escuchar su pieza "Decarísimo".

Y, precisamente hablando de los años de primera guerra mundial, nuestro querido Carlos Gardel, uno de los grandes cantores nacionales del momento que interpretaba canciones populares con José Razzano, pone por primera vez su voz única a "Mi noche triste", una canción que había sido escrita por Pascual Contursi, inaugurando de este modo el tango-canción y la concepción de la voz como un instrumento más de la orquesta típica. Lo de Gardel es tan genial que no sólo pasa por el éxito musical en el campo del tango, sino también por el cinematográfico nacional e internacional, los viajes y las actuaciones difundiendo el género por Europa, América Latina y el Caribe. Fallece trágicamente un 24 de junio de 1935 en Medellín (Colombia), tras un accidente en el avión que lo transportaba, y todo un país y un mundo vive el luto de una manera tan intensa que llegan a taparse otros hechos importantes que acontecían a nivel político en nuestra década perdida.

Los '30s y los '40s trajeron nuevos exponentes, nuevas orquestas y un aumento considerable de canales de difusión. Aparecen las grandes orquestas típicas (en los '20s la más grandiosa había sido la de Julio de Caro, anque la de Francisco Canaro y las guitarras de Ignacio Corsini) y también se consolidan los grandes bailes familiares junto al jazz, el fox-trot y los paso-dobles ¿Quién alguna vez no se ha encontrado con eso de los "códigos" del tango? Se "cabecea" a la dama con un gesto picaresco señalando a la pista para indicar la intención de bailar; las parejas giran por la pista en sentido diferente al de las agujas del reloj; los que más saben bailan del lado de adentro, etc. ¿Las grandes orquestas? Los seguidores de la escuela decareana admiraban a Juan Carlos Pugliese; en el otro extremo, el de menos complejidades musicales pero más dibujos marcados, teníamos al rey del compás Juan D' Arienzo (sucesor de la línea de Francisco Canaro). La orquesta de Pedrito Laurenz ya hacía de las suyas (tremendo bandoneonista que había debutado en la de Julio de Caro allá por los '20s). La orquesta de Aníbal Troilo aparece en estas épocas para hacer una de las carreras más sólidas de la historia del tango. Mi orquesta admirada de Alfredo De Ángelis. Fueron también los primeros años del maestro marplatense Astor Piazzolla. Mi abuela solía cantar algunos tangos, pero mi tía-abuela era una genia de las pistas. Es el día de hoy que mis tíos me siguen contando sobre héroes y heroínas de aquellos años dorados.

También es la generación de nuevos poetas como José María Contursi, Homero Manzi y Homero Expósito, entre muchísimos otros brillantes. Daba la sensación que el tango estaba en su máximo esplendor, tanto en términos musicales como en impacto popular. A nivel social, durante el primer gobierno de Perón el lunfa fue censurado de modo tal que algunas letras debieron ser cambiadas. El peronismo como fenómeno social de Argentina también tiene su capítulo de relaciones con el tango: más allá de la censura del lenguaje lunfardo, la comunidad de poetas y músicos tangueros se quebró en diferencias llegando a situaciones extremas como la detención del maestro Osvaldo Pugliese (un gesto único de “al maestro con cariño”: cuando él estaba detenido, su orquesta tocaba con el piano pero sin pianista, sólo con un rosa sobre la tapa del instrumento) y, del otro extremo, Enrique Santos Discépolo llegando a crear un personaje mediático llamado "Mordisquito" en el que difundía la obra del controvertido general.

El otro canal por el que tanto se difundía el mundo del tango era la radio. Las orquestas solían hacer la presentación de sus nuevos trabajos en vivo y, en algunos casos, hasta se aprovechaban los instrumentos para musicalizar los radioteatros de la tarde. Radio Nacional, Radio Belgrano y El Mundo quizás eran las más escuchadas. El asunto era poder escuchar en radio "tocar" las canciones nuevas para después ir al baile del club del barrio conociéndolas de antemano.

Los 50s dejaron nuevas experiencias y, combinado en el surgimiento de otras formas de comunicación y culturales, el tango comenzó a ser eclipsado. Entre ellos, la llegada triunfal del cine con todo un mundo glamoroso que había desplazado su centro de actividades al oeste norteamericano (Hollywood), el impacto cultural de la revolución del rock and roll estilo Elvis Presley o Jerry Lee Louis, los gobiernos autoritarios en nuestros países, etc. El tango comienza a apagar su esplendor. Quizás de lo más recordable de la década sea es el acercamiento de Astor Piazzolla a Horacio Ferrer para comenzar una obra que años más tarde fructificaría cambios decisivos en el mundo del tango. Sobre fines de los '50s, y ya bien entrados los '60s, se produce la llegada de la obra de mi admirada Eladia Blazquez.

En los '60s el tango era "cosa de grasas" en el sentido que, casi totalmente abandonado, había sido replegado nuevamente a espacios marginales de atención pública. Sin embargo, eso no implicó su final. Leopoldo Federico con Julio Sosa quizás hayan sido de lo más buscado, Edmundo Rivero que ya llevaba casi 30 años de carrera entre periodismo y difusión cultural del tango y las orquestas consolidadas de Aníbal Troilo y el maestro Pugliese. Inclusive, las presentaciones del Polaco Goyeneche con sus dos bebés artísticos que después tanto dejarían al tesoro del tango: Adriana Varela y Cacho Castaña. Adriana es, casi por acuerdo implícito, la intérprete con más estilo de tango-casi-hablado, al mejor estilo Goyeneche. Y Cacho, cuentan que casi lo hizo desmayar al Polaco cuando le regaló en vivo la canción "Garganta con arena", es uno de los grandes poetas atorrantes de la noche porteña.

Sobre los '70s comienzan a emerger nuevas formas con el empuje de Astor Piazzolla. El fenómeno trajo controversias, en el sentido de que más de la mitad de tangueros solía decir "eso no es tango". Lo único que solía responder el maestro marplatense cuando de eso se le preguntaba era "ni siquiera nosotros sabemos lo que estamos haciendo. Simplemente, estamos explorando nuevas formas". Del modo que fuera, Astor Piazzolla había comenzado su brillante carrera en orquestas clásicas y había demostrado una evolución tan genuina como genial. Y, lo más importante, su obra estaba representando una renovación que el género estaba necesitando desde su recaída posterior a los '40s. Desde entonces, nuevas generaciones de músicos y bailarines han surgido con una fuerza descomunal, generando nuevas formas sociales y culturales, ahora difundidas de manera más técnica a nivel productos turísticos. Pero el tango, señores, la esencia del tango, sigue siendo algo muchísimo más grande, histórico y complejo que un tour por La Boca o un café en Boedo o San Telmo.

¿Y qué decir del tango electrónico? Personalmente, respeto que haya gente sensible (artistas) que exploren día a día nuevas formas. Hay trabajos muy interesantes, si se trata de citar experimentaciones de sonidos, ritmos, ensambles y flashes históricos. De todos modos, prefiero los que se basan en ritmos de siglo XXI y ensamblan flashes y sampleos de los '20s y los '40s porque hacen sentir esa "mezcla milagrosa" que es la esencia del tango. En una maravilla como lo es el tango -con un siglo y medio de vida y donde son tantos los sampleos pueden ser extraídos- el arte radica verdaderamente en el modo de mezclar los elementos. Y no se trata sólo de escucharlo, sino también de bailarlo.

Las orquestas, cantores y nuevos exponentes tampoco han dejado de aparecer. Desde orquestas clásicas tipo Lisandro Adrover y El Arranque hasta tríos con guitarras como San Telmo y los Bardos Cadeneros. Son centenares y no quisiera los maravillosos exponentes que tenemos, que no quisiera pecar por olvidos. Entre las voces que marcan punta tenemos a Ariel Ardit, Lidia Borda, Alicia Vignola, mi admirada María Volonté, Paola Torres, etc.

Por todo esto y muchas otras cosas que ahora no vuelco es que afirmo a los cuatro vientos mi pasión por el tango. El tango es y hace nuestra historia rioplatense. El tango es parte de nuestra identidad y por él se nos reconoce. El tango expresa como ninguno un sentir compartido con nuestros semejantes. El tango guarda para el hombre y la mujer los lugares que la sociedad de hoy en día está dejando desdibujar en nombre de la igualdad de géneros. El tango inspira a gente de varias generaciones. El tango no para de renovarse, aunque corra el almanaque. El tango se compone, se canta, se baila, se recuerda, se interpreta y se comparte con muchos otros, porque desde su etimología ha sido marcado eso de ser un "lugar de encuentro", y no sólo me refiero a encuentro de personas, sino también de emociones, de razas, de culturas, de visiones, de proyectos y expectativas.

¿Habrá un mejor objeto para nuestro deseo de estar vivos?

 

F.M.

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